Si los tiempos están tan mal, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?

Hacerle a cualquiera la pregunta de “Como estás?” se ha  convertido en la posibilidad de entrar en el resbaladizo terreno de las lamentaciones. Todo el mundo está incómodo por algo: el trabajo, la crisis, la bolsa, la situación internacional, el paro… Es muy difícil encontrar a alguien que simplemente responda un ¡bien!, sin necesidad en entrar en más detalles. Sin embargo cuando realizamos la pregunta siguiente “y ¿qué hacemos para que todo esto cambie?”, la reacción suele ser una mirada airada (o asombrada, la cosa va por barrios) con un abanico de respuestas que se pueden resumir básicamente en dos: “esto no hay quien lo arregle” o “que lo arreglen los que lo han estropeado (y se han llevado dinero, y son incompetentes, y son unos desalmados, y…y …)”.

Es cierto que en España no nos encontramos en situaciones tan límites como en otros países donde el hambre, la pobreza o el autoritarismo aniquilan la esperanza. Hoy mismo estamos escuchando la noticias sobre Libia y me pregunto que pasará después, cómo se realizará la transición a la democracia en un país en el que, durante más de 40 años (42 hará el próximo 1 de septiembre), ha gobernado un dictador pseudo-socialista.

En nuestro país, lo males son otros. Siguiendo la pirámide de Maslow, hemos pasado de la autorrealización (según todos los indicios falsa) a sólo tener cubierto el nivel de fisiología y afiliación (en algunos casos). La seguridad (en el empleo, en los ingresos, en lo puramente material, vaya) nos está dejando tocados y nos hace manifestar nuestro descontento de manera cada vez más clara. Posiblemente como no lo hayamos hecho en los últimos 15 años.

Pero ¿qué hacemos para que las cosas cambien? Mientras nosotros estamos aquí quejándonos, en Asia se están preparando para realizar el desembarco de occidente a través de personal altamente cualificado que no le tienen miedo a emprender, ni necesitan sentir la seguridad en el empleo (tan fijada en nuestra idiosincrasia), ni les importa trabajar mucho más de lo que nosotros estamos dispuestos a hacerlo. Su nivel de conocimientos (idiomas, tecnologías, diferentes habilidades) se ha triplicado en los últimos ¡cinco años! No tienen nada que perder, asi que … tienen todas las de ganar.

Nuestra única oportunidad es cambiar. Si lo que hemos hecho hasta ahora nos ha llevado a esta situación, no podemos seguir haciendo lo mismo. Y el cambio del que hablo es un cambio de mentalidad: un cambio que implica asumir la responsabilidad de nuestro destino y ser capaces de tomar las riendas de nuestra vida. Ello implica dejar de hacer muchas de las cosas que hasta ahora nos parecían naturales para empezar a buscar caminos diferentes: Debemos poner en primera línea la creatividad, el talento, el riesgo, la pasión. Sin esperar a que sean otros los que lo hagan. Sin justificar nuestra no-acción apelando a nuestros “derechos”. Debemos defender esos derechos con ilusión e imaginación pero poniendo en marcha lo que de verdad queremos ser. Pero, ¿lo sabemos?

Ampliaré mis ideas al respecto en sucesivos posts y también escuchando lo que me contáis….

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