Lidera tu vida

Robin Sharma-autor

Siempre que hablamos de liderazgo, todos nos imaginamos a un ser carismático que es seguido por sus fans y simpatizantes de manera incondicional. Sin embargo el concepto de líder , igual que  los tiempos, está cambiando.

Hay muchas definiciones de liderazgo. Dentro del conjunto he escogido como las más acertada, desde mi punto vista, aquella que indica que el liderazgo es la capacidad de inspirar a los demás en el camino de la vida. Cuando a un grupo llega un líder se le reconoce enseguida. Sus palabras son escuchadas, sus gestos imitados, sus indicaciones seguidas. pero todo desde la convicción de estar haciendo algo que busca la perfección, que se acerca a nuestras ideas, que resuena con nuestros sentimientos. La percepción del liderazgo, como cualquier otra cualidad, tiene mucho de subjetivo y una gran contradicción: desde la subjetividad del individuo es aceptado como algo verdaderamente importante por un grupo más o menos amplio de personas: El líder no es sólo el que cae bien; es aquél que con sus acciones y palabras inspiran y motivan a los demás a realizar cambios decisivos en sus vidas.

Pero el auténtico líder comienza este proceso de manera interior y teniendo en cuenta varias premisas primordiales: la coherencia, la transparencia, la integridad e incluso la modestia. Un líder auténtico no ejerce de líder (aunque esto suene a contradicción), no siente la necesidad de demostrar continuamente cuál es su sitio o al lado de quién se sitúa. Simplemente muestra sus cualidades y procura realizar acciones coherentes con sus criterios y enmarcados en los principios que guían su vida. Por lo tanto el líder sólo lo es de verdad si parte de la coherencia, la integridad, los principios con los que puede moverse por la vida.

Alguien puede reprocharme que hay líderes sin principios. Desde mi punto de vista esos no son líderes. Son caudillos, populistas e incluso fanáticos de ciertas ideas que son fáciles de seguir (en algunos casos desde el oportunismo, en otros desde el resentimiento). El auténtico líder no va de “salvapatrias”, ni con actitudes de paternalismo transnochado. Entre otras cosas porque uno de los motores que guían su pensamiento y acción es que “cada uno es dueño de su destino y responsable de sus actos”. Por tanto no permiten que otros pongan sobre sus espaldas la responsabilidad de los actos cometidos por ellos.

Esto me lleva a la reflexión de que, contrariamente a lo que creemos en primera instancia de los líderes, éstos son básicamente seres solitarios, pero solidarios, que les gusta más estar detrás empujando, que delante dirigiendo. Que hablan de la generosidad, de la bondad, de los pirncipios sin rubor y sin miedo a ser etiquetados a la primera de cambio por cualquier indocumentado que pase por allí. Es cierto que el carisma es una de sus características, pero sólo con ésta no se hace un líder. Su entorno debe percibir consistencia, solidez y convicción para definitivamente querer seguir al líder.

Por todo ello pienso que para ser un líder (que todos lo somos, aunque no lo sabemos) debemos perseguir en primer lugar el convertirnos es seres verdaderamente libres, con control sobre nuestras propias vidas y manteniendo la coherencia de los actos con los principios. Buscar la excelencia en cada momento de nuestra vida, sin importarnos si nuestro puesto es de directivo o de conserje. Sentir la inpiración de nuestra misión en la vida y dejarnos llevar por ella. Esta misión será objeto de otro post.

Os invito a leer “El Líder Que No Tenía Cargo” de Robín Sharma. Toda una inspiración

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