El fútbol como excusa


Ceremonia-inaugural-mundial-futbol-Brasil

En 1985 me ganaba la vida dando clases extra-escolares de inglés, mientras meditaba sobre qué hacer en un país, España,  donde una mujer ingeniero con idiomas a lo más que podía aspirar era a ser secretaria de dirección. Me lo pasé en grande enseñando a los pequeños y decidí que haríamos un final de curso digno de un grupo tan fantástico, haciendo una versión del musical “ONE” con niños entre 6 y 13 años. Juro por mis antepasados que ese final de curso tuvo más medios, altura creativa y calidad que la llamada “Ceremonia Inaugural” del Mundial de Fútbol 2014 en Brasil.

Esta ceremonia no era el principio, si no el principio del final de un Mundial que, me temo, no pasará a la historia como el mejor. Un Mundial que ha hecho estadios que no eran necesarios, que ha inagurado instalaciones sin terminar, que tiene instalaciones sin terminar y sin inaugurar, que era la oportunidad de mostrar como el gran Brasil, que crecía a niveles chinos hace unos pocos años, se convertía en una potencia mundial. Lo que hemos visto hasta ahora (y llevamos solo un día) es ya un muñeco roto.

Lo de los estadios me recuerda lo de nuestros aeropuertos sin aviones. mundial-brasil-2014Obras hechas con el único fin de “birlar” millones (si, millones) de euros (o dólares, me da igual) con la bendición de la FIFA, ese organismo sin fines de lucro, que es el más lucrativo de todo el planeta. Hace más de 10 años que Brasil sabía que iba a tener Mundial y se las prometía muy felices: fútbol, samba y dinero ¿qué más se puede pedir? Lula y su heredera (y luego algunos se quejan de nuestra monarquía) enseñarían al mundo lo que era capaz de hacer el país más grande y más poblado de Suramérica. Y lo hemos visto, ya lo creo: corrupción a mansalva que justifica la indignación de una clase media (si, es la clase media la que hace siempre las revoluciones, pues los pobres están todos mirando los partidos en la tele, mientras visten una camiseta rota, hecha en China, de la “canarinha”). Una clase media a la que se le quitan impuestos, pero no se le dá ni educación, ni sanidad, ni servicios a la altura del crecimiento del país y del crecimiento de sus tasas. Los pobres se conforman con ver si pueden saltar al campo para ver de cerca a algunos de los ídolos mundiales (Cristiano, Messi, Neymar) y tener una camiseta que no sea de imitación. Como es la clase media la que tiene dinero para ver los partidos en el campo, la presidenta de Brasil y el presidente de la FIFA ni siquiera pronunciaron un discursito de “voy y quedo bien”. Corrían el peligro de recibir el mayor abucheo de la historia

Para que el negocio no se vaya a mal sitio (en los posts hay que cuidar el lenguaje), Brasil tiene que ganar. Y aquí vienen la segunda parte, de la parte contratante: ganar, aunque sea de manera injusta. Es verdad que la actual selección brasileña es bastante justita (soy mayor y he visto jugar a Brasil desde 1970 y la de ahora es la peor de la historia). Eso no quiere decir nada porque los futbolistas brasileños nacen con el gen de la genialidad (algunos lo desarrollan, otros no) y a veces hace goles y gana partidos de forma increíble; pero, que en el primer partido frente a Croacia, haya necesitado de la ayuda del árbitro (al que supongo que le habrán ofrecido una cena intima con Adriana Lima, por lo menos), arbitro-brasil-croaciadice mucho de por dónde van a ir los tiros. Esto me recuerda al Mundial de Argentina del 1978, con Videla haciendo lo suyo, mientras se desarrollaba el mundial que, por supuesto ganó… Argentina. Es verdad que Kempes jugaba muy bien y que el flaco tenía muy buena idea de fútbol, pero aún recuerdo el partido Perú-Argentina en el que Perú tenía que perder por un montón de goles y perdió. Ayer por la noche, hora española, tuve la misma sensación que hace 36 años.El país más grande y rico de América Latina, lo tiene todo para ser poderoso, justo y civilizado. Una Dinamarca del sur, que decía un político brasileño hace una década. Lo malo, como dice el chiste, es que para compensar tiene … a los brasileños.

No sé que pasará al final del Mundial, pero lo visto hasta ahora es descorazonador. En Brasil ya ni bailan, ni juegan al fútbol y, por supuesto, no es un país desarrollado y competitivo (ningún país con sus tasas de inseguridad, pobreza y marginalidad lo puede ser). Pero la FIFA  y algunos brasileños han hecho un gran negocio. Y en el 2016 las Olimpiadas.

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