Las Empresas Sociales

Si yo pudiera ser útil a otro ser humano, aunque sea por un día, sería estupendo. Sería más importante que todas las grandes ideas que podría tener en la universidad “-. Muhammad Yunus

Muhammad Yunus – El Banquero de los Pobres

En los tiempos que corren una cosa nos está quedando clara a todos: el actual sistema económico no funciona ni de manera general (macroeconomía) ni de manera particular (microeconomía).

Un amigo muy querido me ha regalado esta semana el último libro de Muhammad Yunus “Las empresas sociales”. Ya había leído anteriormente El banquero de los pobres y Un mundo sin pobreza y en ese momento me sorprendí con sus propuestas y, sobre todo, con sus resultados.

Para los que no conozcan a este Premio nobel de la Paz de 2006, Yunnus nació en Bengala Oriental (actual Bangladesh) el 28 de junio de 1940. Obtuvo su maestría en economía en 1961. Después de un temprano éxito empresarial con una fábrica de envases, se le concedió una beca Fulbright para obtener su doctorado en Desarrollo Económico en la Universidad Vanderbilt en los Estados Unidos. Después de graduarse, se convirtió en profesor adjunto en la Middle Tennessee State University, pasó un corto tiempo en la Comisión de Planificación de Bangladesh, pero pronto volvió a la Universidad de Chittagong como director del departamento de Economía.

En 1974 una hambruna causó un gran sufrimiento y hambre por todo el país. “Hemos tratado de ignorarlo”, dijo Yunus. “Pero entonces esqueletos humanos comenzaron a aparecer en la capital, Dhaka. Pronto, el goteo se convirtió en una inundación. Personas que padecían hambre por todas partes. A menudo se sentaban por lo que no se podía estar seguro de si estaban vivos o muertos “. Incapaz de conectar las teorías y métodos de la economía convencional que había aprendido en la universidad, Yunus pasó del mundo académico al del sufrimiento. Comenzó a investigar el hambre y se involucró en los esfuerzos para reducir la pobreza. Yunus también notó que los pobres no tenían prácticamente acceso al dinero en efectivo. Los bancos tradicionales evitaban dar préstamos considerados de alto riesgo y los prestamistas cargaban a los pobres con altas tasas de interés. Esto significaba que la mayoría de las ganancias de los pobres volvía a los prestamistas.  Después de haber desarrollado varias ideas con sus alumnos, Yunus decidió prestar US $ 27.00 (USD) de su propio dinero a 42 mujeres en una de las aldeas más pobres. Él creía que dar la oportunidad y con el apoyo adecuados, los pobres serían capaces de devolverlos sin tener que enfrentar altas tasas de interés. Yunus también sabía que las mujeres pobres estaban aisladas a menudo unas de otras, tenía la autoestima baja y estaban en mayor riesgo de violencia doméstica. Todas las mujeres fueron capaces de obtener beneficios y pagar sus préstamos. Esta experiencia llevó a Muhammad Yunus y su colega el Dr. Akhtar Hameed Khan (fundador de la Academia de Bangladesh para el Desarrollo Rural) para promover el desarrollo del microcrédito y de microcréditos en las comunidades circundantes. Yunus llamó a su organización el Banco Grameen (banco comunal) y trabajó para avalar los préstamos de bancos mucho más grandes. Además de aliviar la pobreza, estos grupos también han mejorado la posición social de las mujeres en sus hogares y comunidades. En menos de 6 años Yunus fue capaz de entregar miles de micro créditos y apoyo a la auto-promoción de más de 28.000 habitantes.

En 1996 obtuvo el Premio Internacional Simón Bolívar, otorgado por la UNESCO y en 1998 el Príncipe de Asturias de la Concordia.

Las empresas sociales son un modelo de empresa innovador que fomenta la idea de crear empresas para ayudar a resolver algún problema social y no para maximizar los beneficios. El objetivo de este modelo no es otro que hacer frente a las necesidades más acuciantes de la humanidad, sobre todo la pobreza. Todas y cada una de las empresas sociales crean empleo, buenas condiciones de trabajo y, naturalmente, abordan una patología social específica, como la falta de escuelas, de atención sanitaria y de alimentos.

¿Y en Europa? ¿Sería útil un modelo de empresa social? ¿Qué patología resolverían en España, por ejemplo? Tal vez el desmoronamiento de un sistema económico enfocado principalmente en vivir por encima de nuestras propias posibilidades, a sacar de la desesperación a muchas personas que no entienden que, estando en su mejor momento profesional, no puedan aportar nada a la sociedad desde sus puestos de trabajo. Tal vez aquí las empresas sociales deberían tener como principal objetivo el hecho en si mismo de crear puestos de trabajo: para jóvenes dándoles la primera oportunidad profesional, para los senior que aún tienen mucho que aportar, para los técnicos que ven como sus salarios disminuyen a la par que suben sus responsabilidades…

Debemos considerar seriamente la alternativa de crear empresas sociales para salir de la crisis. La solidaridad, la generosidad y el compratir tal vez sea uno de los caminos para ello.

Si los tiempos están tan mal, ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?

Hacerle a cualquiera la pregunta de “Como estás?” se ha  convertido en la posibilidad de entrar en el resbaladizo terreno de las lamentaciones. Todo el mundo está incómodo por algo: el trabajo, la crisis, la bolsa, la situación internacional, el paro… Es muy difícil encontrar a alguien que simplemente responda un ¡bien!, sin necesidad en entrar en más detalles. Sin embargo cuando realizamos la pregunta siguiente “y ¿qué hacemos para que todo esto cambie?”, la reacción suele ser una mirada airada (o asombrada, la cosa va por barrios) con un abanico de respuestas que se pueden resumir básicamente en dos: “esto no hay quien lo arregle” o “que lo arreglen los que lo han estropeado (y se han llevado dinero, y son incompetentes, y son unos desalmados, y…y …)”.

Es cierto que en España no nos encontramos en situaciones tan límites como en otros países donde el hambre, la pobreza o el autoritarismo aniquilan la esperanza. Hoy mismo estamos escuchando la noticias sobre Libia y me pregunto que pasará después, cómo se realizará la transición a la democracia en un país en el que, durante más de 40 años (42 hará el próximo 1 de septiembre), ha gobernado un dictador pseudo-socialista.

En nuestro país, lo males son otros. Siguiendo la pirámide de Maslow, hemos pasado de la autorrealización (según todos los indicios falsa) a sólo tener cubierto el nivel de fisiología y afiliación (en algunos casos). La seguridad (en el empleo, en los ingresos, en lo puramente material, vaya) nos está dejando tocados y nos hace manifestar nuestro descontento de manera cada vez más clara. Posiblemente como no lo hayamos hecho en los últimos 15 años.

Pero ¿qué hacemos para que las cosas cambien? Mientras nosotros estamos aquí quejándonos, en Asia se están preparando para realizar el desembarco de occidente a través de personal altamente cualificado que no le tienen miedo a emprender, ni necesitan sentir la seguridad en el empleo (tan fijada en nuestra idiosincrasia), ni les importa trabajar mucho más de lo que nosotros estamos dispuestos a hacerlo. Su nivel de conocimientos (idiomas, tecnologías, diferentes habilidades) se ha triplicado en los últimos ¡cinco años! No tienen nada que perder, asi que … tienen todas las de ganar.

Nuestra única oportunidad es cambiar. Si lo que hemos hecho hasta ahora nos ha llevado a esta situación, no podemos seguir haciendo lo mismo. Y el cambio del que hablo es un cambio de mentalidad: un cambio que implica asumir la responsabilidad de nuestro destino y ser capaces de tomar las riendas de nuestra vida. Ello implica dejar de hacer muchas de las cosas que hasta ahora nos parecían naturales para empezar a buscar caminos diferentes: Debemos poner en primera línea la creatividad, el talento, el riesgo, la pasión. Sin esperar a que sean otros los que lo hagan. Sin justificar nuestra no-acción apelando a nuestros “derechos”. Debemos defender esos derechos con ilusión e imaginación pero poniendo en marcha lo que de verdad queremos ser. Pero, ¿lo sabemos?

Ampliaré mis ideas al respecto en sucesivos posts y también escuchando lo que me contáis….

Marketing 2.0 ¿imprescindible?

En tiempos no muy lejanos (de mediados de los 90´s a la primera mitad de la primera década del siglo XXI), nos asombrábamos de la velocidad con la que se propagaban las ideas y los productos en Internet. Todos (empresas y particulares) se planteaban tener una página web, un escaparete que permitiese al enorme mercado de consumidores de la red acceder a las últimas novedades, los últimos productos. El banner, las campañas on line, los links para ver nuevos productos, las cestas de la compra, eran (en 2006) el no va más.

Cinco años después todo eso suena a prehistoria. Tener una página web no es suficiente, hay que interactuar y eso supone multiplicar por mucho la propagación de la información (veo un post que me gusta y lo incluyo en Fb, lo twiteo a mis seguidores y lo recomiendo a mis amigos. Luego cada uno de ellos hace lo propio con lo que, al cabo de un par de horas, el post ha sido leido, comentado, criticado, ensalzado y olvidado por miles de personas).

La única manera de estar presente es entonces creando contenido interactivo continuamente. Y esto, amigos, es AGOTADOR. Espero con ansiedad la próxima ola, con un cambio que seguro no tendrá nada que ver con lo que hacemos ahora. A ver si éste es más llevadero.